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martes, 22 de enero de 2013

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Página 1 - 31 de diciembre de 499

"Hola, mi nombre es Eleonor de Britania, tengo diecinueve años y soy de familia noble, la más rica de todo este reino."

Muchos desearían empezar un diario así, presentándose y todas esas cosas, pero yo, sin embargo, no poseo esa suerte. No soy "muchos". Soy Eleonor, nada menos que una familiar directa de el Conde Britanés, el hombre más rico y poderoso de este reino. Es más, soy su propia hija. Al menos, lo era antes de que sucediese la lucha de la bruja.

Cabe advertir, que escribo esto dos semanas después de lo sucedido, pues no podía ni imaginar en ese momento lo que me iba a suceder. A decir verdad, sigo sin saber lo que será de mi a partir de ahora. Os lo explicaré.

Todo empezó el día uno de este mismo mes, todos estaban felices por la llegada de un nuevo hijo a mi familia, el pequeño Arthur, los festejos podían notarse a kilómetros de distancia de nuestro castillo, pero, como en un libro de tragedias, la desgracia vino a nosotros.

La hermana de mi padre, la tía Isabel, nunca había caído en gracia a mi familia, pues era una mujer insoportable, siempre refunfuñando, gritando y quejándose. Era diez años mayor que mi padre, por lo cual, tendría unos cincuenta largos. Pero su avanzada edad no le impedía ser molesta. Para colmo, siempre se la veía cogiendo hierbas, susurrando palabras extrañas y echando maldiciones a la gente que la molestaba, por eso se había ganado la fama de bruja, pero por ser familia de quien es, nunca se atrevieron a acusarla ni mandarla a la hoguera.

Bueno, pues resulta que al nacer mi hermano, nadie la invitó a los festejos, y ella llevaba meses diciendo que quería venir para ver como era el niño, su salud, esas cosas. Pero no fue invitada.

Gran error, pues a los pocos días se presentó, hecha una furia, y empezó a decir tales cosas a mi padre que ni yo me atrevo a plasmarlas en este diario. Luego, empezó a salir humo negro de sus pies, ese humo se convirtió en brazos, que rodearon al recién nacido...

Y se lo llevó.

Mis padres quedaron consternados ante esto, lloraron durante muchos días, hasta que el día veinticinco de diciembre, me llamaron, y me dijeron que yo le salvaría.

Intenté decir que era una locura, que yo no sabía luchar, me mataría. Pero ellos pensaban que era una joven fuerte e igual a un muchacho de mi edad, y sin poder evitarlo, fui hasta su casa.

Me llevó tres días, al llegar, descubrí que había matado a mi hermano, y había encerrado su alma en un pequeño collar con un cristal azul como colgante. Alcé mi espada y con furia la intenté matar por la espalda.

Pero la dichosa vieja era más rápida de reflejos de lo que calculé, porque esquivaba los golpes con una habilidad increíble. Pero, tras una ardua hora, le clavé la espada en el corazón.

Sus ojos, negros como el azabache, me miraron enfurecidos, y bramó unas palabras que jamás olvidaré:

"¡Nunca perdonaré tal traición por parte de mi familia! Las brujas no pueden ser asesinadas con tal facilidad, niña. Mi maldición caiga sobre tu alma, la cual volveré inmortal y me adentraré en ella, oculta en las paredes de la muerte. Recorrerás el mundo por el resto de tus días, si te detienes más de un cierto tiempo en un determinado lugar, marcado por el collar donde el alma de tu hermano descansa, tu cuerpo, alma, y espíritu se desvanecerán. Y yo quedaré libre. ¡¡Libre!! Entonces podré destruirlo todo sin piedad..."

Tras estas palabras, que me dejaron totalmente impresionada, su cuerpo se deshizo en un humo negro brillante, que se introdujo por mi nariz y boca, provocando en mi garganta unas náuseas nunca sentidas. Luego sentí un dolor desmesurado en mi pecho, y me desmayé.

Al despertar, encontré el collar, que llamaré el collar del alma, flotando ante mí, su colgante soltaba un brillo extraño, como un foco, y en ese foco aparecían palabras: "Sal de los territorios de la bruja. Tres horas."

Entonces comprendí a que se refería la vieja con detenerme en un lugar. Me volvería nómada por el resto de mi eternidad. Así que cogí las provisiones que encontré en aquella casa y las guardé en un macuto, envolví el pequeño cuerpo de mi hermano en unas telas blancas, y me dispuse a volver a mi casa.

Al cruzar los límites de la comarca de mi tía, el collar volvió a brillar, con otro texto: "Sal de los territorios de tus padres, cinco días".

Suspiré, tiempo suficiente para el entierro.

Y así fue, los llantos de mis padres al ver al pequeño con una herida de puñal en el pecho, fueron eternos, podrían partir el alma a cualquier persona, por dura que fuese.

Apenas un día más tarde, se hizo el entierro, compuesto solo por mis padres y yo. Ya les había contado lo sucedido, y mi nueva condición, al día siguiente me prepararían una discreta carroza y un caballo.

Me fui a mi habitación a reflexionar, ¿Qué me depararía el futuro a partir de ahora? A los diez minutos entró mi padre, con los ojos hundidos y ojerosos de tanto llorar.

-Tu carromato te espera, hija. - su voz sonaba áspera y rota.



Me estremecí ante la idea de mi nueva vida, pero me sobrepuse y empecé a empaquetar mis pertenencias, todas las que me fuesen útiles y, a decir verdad, las que no lo eran, también, me llevé incluso bocetos que pintores habían hecho de mis padres y de mi hermano, el día que nació.

Lo llevé todo al carromato, no era más que una estructura de madera, con techo de madera más ligera y lona, solo estaba abierto por la parte en la que me tendría que sentar para manejar el caballo, en su interior incluso sobraba sitio para dormir bien. Tenía diez sacos de comida que sería capaz de conservarse durante muchos meses, más un saco de comida que tendría que comer en menos de un mes. Me despedí de mis padres y empecé el viaje.

Poco después salí de los dominios de mi padre, entrando en los contornos de la capital, entonces el collar me dio un mes para salir de la zona de la capital.

Y bueno, eso es todo, aquí estoy, descansando tras todo un día viajando. Mis padres me dieron al menos tres bolsas del tamaño de mi cabeza, llenas de monedas de oro, para que viviese como una reina errante.

He decidido llenar este libro cada vez que me pase algo interesante. He cogido el más grueso que había en la biblioteca, pues, deduzco que ahora que viviré eternamente, veré muchas cosas en este mundo...

lunes, 21 de enero de 2013

Introducción


Introducción

Recuerdo que, hace ya casi diez años, estuve paseando durante toda la mañana por un bosque que crecía al lado de mi casa de campo, estaba ya dispuesto a volver, pues el estómago me avisó de que necesitaba comer algo, pero de camino a casa, me tropecé con una pequeña bolsa de tela.

No era tela como la de ahora, era vieja, marrón y estropeada, parecía de la época medieval, o incluso anterior. Dudé de haber tropezado solo con una pequeña bolsa maltrecha, así que miré dentro para ver con lo que había tropezado.

Nada me sorprendió más que ver un libro. Pero, al igual que la bolsa, era viejo, amarillento y casi daba ganas de tirarlo a la basura, sin embargo, a mi edad de catorce años ya era un gran amante de la lectura, así que me llevé la bolsa a casa y esa misma noche empecé a leer. Tendría, como mínimo, unas mil páginas, y la letra era pequeña y hecha a mano.

Además, se había puesto a llover, por lo que se daba la situación que más me gustaba para investigar un libro tan curioso como el que encontré.


La verdad, al principio pensé que se trataba de una broma, pues en la primera hoja estaba datado del año 500 D.C, no me creía que un libro histórico hubiese ido a parar a mis manos.

Sin embargo, tras la primera ojeada, noté cosas extrañas en la escritura y en las fechas, y tras mirar la última página casi me caí de la silla, pues databa de 1943, y estábamos ya en el 2001. Es más, la letra era siempre la misma, con pequeñas variaciones en páginas alejadas, pero se notaba que era de la misma persona.

Me quedé tan anonado y tan confuso que decidí empezar el libro.

Apenas lo empecé, cayó de él una fotografía bastante antigua, pero en color, otro hecho ilógico más. La fotografía era de una mujer de apenas veinte años, vestida con un precioso vestido azul claro, con bordados dorados. Su pelo era largo, ondulado y del color del sol, llevaba una especie de corona de plantas, sin embargo, no pude ver el color de sus ojos. Detrás había una nota.

"Fotografía mía el día que sucedió todo. Año 499, 31 de Diciembre. Eleonor."

Sinceramente, eso fue definitivo para que decidiese terminar aquel extraño volumen.